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sábado, 4 de abril de 2009

ESTUDIO Nº 2: LOS 21 DÍAS

Este es el segundo trabajo de campo que realizo en el blog. En esta ocasión, mi propósito será acercarme a algunas de las problemáticas que nos rodean. Para ello y para entender mejor la realidad de las personas que las sufren, me serviré del riguroso modus operandi del programa de Cuatro, 21 días.

Eran varios los asuntos que tenía en mente. Primero pensé en pasarme 21 días sin ir al baño con el fin de acercarme a la problemática de los que sufren de estreñimiento. Después cambié de idea y me incliné por retratar la exclusión social de los afectados por halitosis estando 21 días sin limpiarme los dientes. Más tarde pensé en estar 21 días hablando con la A para axplarar atras damansaanas dal langaaja. Pero finalmente decidí centrarme en el estudio de los medios de comunicación para demostrar su influencia en nuestra vida cotidiana.
Y como no es lo mismo contarlo que vivirlo he decidido pasar 21 días sin ver la televisión… bueno… pensándolo mejor… paso.

lunes, 2 de marzo de 2009

LA TELEMEDICACIÓN ESTÁ CONTRATELEINDICADA

Suelo esperar hasta tres episodios antes de opinar sobre cualquier programa de televisión. Intento no guiarme por primeras sensaciones, observar concienzudamente y madurar mis ideas. Pero tras lo visto la noche del viernes en Cuatro, estoy dispuesto a saltarme uno de ellos.

El viernes se emitió el segundo de los trabajos de Samanta Villar en el programa de docu-realidad 21 días. Producido por Boca a Boca, 21 días se nos vendió en su día como un novedoso formato de reporterismo por televisión en el que el trabajo del reportero cobraba otra dimensión. Al final ha acabado pareciéndose más a un Callejeros con añadidos en los que se ve como la periodista intenta ponerse durante veintiún días en el lugar de las personas que retrata en sus reportajes.
En el primer episodio vimos como la periodista catalana se sumergía de lleno en la realidad que viven los sin techo durmiendo en la calle, aseándose en baños públicos y alimentándose en comedores sociales. Para la segunda entrega, titulada 21 días sin comer, Villar ahondaba en los trastornos alimenticios a través de las historias de varios enfermos de bulimia y anorexia y de la suya propia al dejar de comer durante el número de días acordado. La reportera empezaba su proceso con la siguiente frase: “[…] tengo una relación sana con la comida y me acepto como soy. He pensado en dejar de comer pero sé que eso no me convierte en una anoréxica.” Entonces, ¿por qué lo hace? ¿Qué demuestra que deje de comer durante veintiún días? ¿Es que a caso se logra una mayor objetividad o tiene mayor valor esa información? Posiblemente no. Posiblemente se trate de un mero recurso efectista más para atraer espectadores y, posiblemente, que Villar se intente colar toscamente en el pellejo de otras personas demuestre pocas cosas.
Desde mi humilde visión, sufrir voluntariamente las consecuencias de una estricta restricción de la dieta no se puede comparar con las consecuencias de una enfermedad como la anorexia, básicamente, porque no la sufres.

Es innegable el valor documental de imágenes como las de Pedro (27 años) encerrándose en el baño después comer ante la impasible presencia de su familia y pareja. O la estampa de Carmen (35 años) admitiendo encontrarse gorda mientras se pasa la mano por sus mejillas succionadas. O cuando contemplamos la estricta rutina de las internas del Hospital General de Ciudad Real. Pero cuando llegan los testimonios de Villar ese valor se diluye. Las declaraciones a cámara de la periodista parecen maniqueas, antinaturales y fruto de las exigencias de un guión.

La televisión podría servir para muchas cosas. Podría servir para informar, para entretener, soñar, educar, denunciar, incluso para perder el tiempo. Pero lo que tengo claro, es que la tele nunca debería adoptar el rol de médico.
La telemedicación no es una práctica justa ni sana para el espectador y decididamente está contrateleindicada.

En su próximo reportaje, Samanta Villar experimentará los efectos del cannabis. Es decir, se pasará veintiún días fumando porros. Con qué reflexiones nos sorprenderá esta vez. Promete y yo no me lo pienso perder.

Os dejo los primeros dos minutos de 21 días sin comer. El resto lo podéis encontrar en Internet. Disfrutadlo.

 
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