Hoy, en la sección de televisión de El País aparecía una noticia sobre el despido por falta grave de la periodista de la cadena francesa TF1, Florence Schaal.
La reportera de uno de los informativos más seguidos en Francia informó en directo de la muerte por disparo de un niño. Poco después se confirmó que el pequeño Louis, que así se llamaba el niño, estaba vivito y coleando.
Algo parecido pasó aquí en España, cuando la mañana del nueve de octubre del año pasado todas las cadenas de televisión, sin excepción, informaron sobre la muerte del escolta de un concejal de Galdakao (Vizcaya) en un atentado de ETA. Poco después, se confirmó que el escolta no había muerto. Y ahí quedó todo. Esa falta de profesionalidad, por no decir algo más serio, no acarreó ninguna consecuencia.
Nos tendremos que conformar con el recuerdo de los ojos vidriosos de Vicente Vallés mientras pedía perdón al día siguiente por el error cometido. Fue el único que lo hizo, pero eso sí, calentito, desde el plató de La Mirada Crítica, en su puesto de trabajo.
La reportera de uno de los informativos más seguidos en Francia informó en directo de la muerte por disparo de un niño. Poco después se confirmó que el pequeño Louis, que así se llamaba el niño, estaba vivito y coleando.
Algo parecido pasó aquí en España, cuando la mañana del nueve de octubre del año pasado todas las cadenas de televisión, sin excepción, informaron sobre la muerte del escolta de un concejal de Galdakao (Vizcaya) en un atentado de ETA. Poco después, se confirmó que el escolta no había muerto. Y ahí quedó todo. Esa falta de profesionalidad, por no decir algo más serio, no acarreó ninguna consecuencia.
Nos tendremos que conformar con el recuerdo de los ojos vidriosos de Vicente Vallés mientras pedía perdón al día siguiente por el error cometido. Fue el único que lo hizo, pero eso sí, calentito, desde el plató de La Mirada Crítica, en su puesto de trabajo.

