miércoles, 4 de febrero de 2009

SIMPLEMENTE ANA ROSA (CAPÍTULO 1)

Todos tenemos algún personaje televisivo que nos cuesta digerir. En mi caso son varios, pero uno sólo capaz de provocarme úlceras de estómago. Me refiero a Ana Rosa Quintana. Y es que unos pocos segundos del magacín que dirige y presenta son suficientes para que se te atragante una mañana.
Este es el primer capítulo de muchos más que vendrán. Preparad la sal de frutas.

En la mañana de ayer, la Quintana y sus secuaces se arremolinaban con sus sofás de diseño en torno a la noticia de la reciente detección de parkinson a Octavio Acebes. La información iba acompañada de un vídeo en el que el parapsicólogo, entre otras ocupaciones, insistía en la idea de quitarse la vida si la enfermedad llegaba a afectarle de forma muy severa.
Entiendo que cualquier información protagonizada por un vidente invite poco al análisis riguroso y concienzudo, pero un mínimo debate sobre las enfermedades neurodegenerativas y la eutanasia hubiera sido suficiente. Pero no. Tras las imágenes, Ana Rosa evitó cualquier información útil sobre la enfermedad de parkinson y, sobre todo, rechazó cualquier diálogo sobre el derecho a tener una muerte digna. La supuesta reina de las mañanas se agarró a las primeras impresiones que le rondaron la cabeza, impresiones nacidas desde la más absoluta ignorancia, por supuesto. Y entre comparar el parkinson con el alzheimer y asegurarle a Acebes una calidad de vida a pesar de su enfermedad, le faltaron segundos a la Quintana para pasar al siguiente tema. No sea que nos dé tiempo a pensar.

Entre tanta falta de responsabilidad y tan poca profesionalidad es inevitable pensar que Ana Rosa Quintana es un desecho de líder de opinión.

1 comentario:

Ruth dijo...

Ella opina, opina, opina. Lo de hacer periodismo debió olvidársele hace años.

 
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